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10-MAYO-2014
RINCÓN DEL ARTE “SAN MARCOS” José Luis Martín Mayoral Fotografías Aéreas Una mirada de vuelta
Quedan muy poquitos días para terminar la exposición los cuadros que quedan están a precios muy muy especiales Os invitamos a comprobarlo RINCÓN DEL ARTE

Nací en el segoviano barrio de San Marcos, en la misma fachada donde un caño de agua refrescaba a los viandantes. Mis amaneceres, al subir la persiana de mi estrecha ventana, topaban con la vista del castillo almenado de los sueños de mi infancia. No veía horizonte, tan solo una pared infinita, un alcázar que me contaba leyendas del pasado y por donde deambulaban siluetas de guerreros por sus balcones y almenas. Un barrio lleno de vida y buena vecindad, donde el río marcaba una de las líneas de nuestro campo de pelota (el balón al agua era “fuera”) y donde la maleza de los árboles, nuestro refugio, nuestras cabañas… Palos: arcos y flechas, caballos: ramas con hojas, cañas y sedales… Monaguillos en el Parral, olor a tierra en la huerta del Sr. Santiago, el cinexín de Jesús, la tele de los De Las Heras, las ensaladas en las fiestas… Mariano y la Satur, Jesús y la Isi, Rafael y la Pepa, la señora Paz, la señora Emiliana, la bodega de Lucas, el economato, Valeriana la “caramelera”, el bar de Gabriel y la Maxi, Luis y la Águeda, la escuela de D. José Luis, Lute y la María (mis padres), Fernando (al final de la cuesta), Joaquín y la María, los Arroyo, Santiago y la Maruja, los de Damián, Sebas y la Luisa (en la casa de la moneda), el tío Rufo y tantos otros padres que echaron a sus hijos a vivir y a crecer en las calles de aquel barrio de trabajadores que, con el paso del tiempo, ha permanecido por encima del polvo que levantábamos al bajar corriendo por la calle Marqués de Villena y que dibujó la silueta de una infancia feliz. Hoy devuelvo esa mirada del pasado en forma de instantáneas que cuelgo en las pareces del Restaurante San Marcos. Miradas impresas desde el lugar donde acababan mis ojos, ojos inmersos en el valle del Eresma que buscaban elevarse como los pájaros y que, a través de un reloj, el sueño se hizo realidad. El tiempo vuela, y volando vuelvo a mi querido San Marcos. Aprovecho las fiestas del barrio para dedicar esta exposición como homenaje a todos aquellos y a estos que ahora me seguís en esta página. Deseo que os guste. Os espero. Foto: RINCÓN DEL ARTE “SAN MARCOS” José Luis Martín Mayoral Fotografías Aéreas Una mirada de vuelta Nací en el segoviano barrio de San Marcos, en la misma fachada donde un caño de agua refrescaba a los viandantes. Mis amaneceres, al subir la persiana de mi estrecha ventana, topaban con la vista del castillo almenado de los sueños de mi infancia. No veía horizonte, tan solo una pared infinita, un alcázar que me contaba leyendas del pasado y por donde deambulaban siluetas de guerreros por sus balcones y almenas. Un barrio lleno de vida y buena vecindad, donde el río marcaba una de las líneas de nuestro campo de pelota (el balón al agua era “fuera”) y donde la maleza de los árboles, nuestro refugio, nuestras cabañas… Palos: arcos y flechas, caballos: ramas con hojas, cañas y sedales… Monaguillos en el Parral, olor a tierra en la huerta del Sr. Santiago, el cinexín de Jesús, la tele de los De Las Heras, las ensaladas en las fiestas… Mariano y la Satur, Jesús y la Isi, Rafael y la Pepa, la señora Paz, la señora Emiliana, la bodega de Lucas, el economato, Valeriana la “caramelera”, el bar de Gabriel y la Maxi, Luis y la Águeda, la escuela de D. José Luis, Lute y la María (mis padres), Fernando (al final de la cuesta), Joaquín y la María, los Arroyo, Santiago y la Maruja, los de Damián, Sebas y la Luisa (en la casa de la moneda), el tío Rufo y tantos otros padres que echaron a sus hijos a vivir y a crecer en las calles de aquel barrio de trabajadores que, con el paso del tiempo, ha permanecido por encima del polvo que levantábamos al bajar corriendo por la calle Marqués de Villena y que dibujó la silueta de una infancia feliz. Hoy devuelvo esa mirada del pasado en forma de instantáneas que cuelgo en las pareces del Restaurante San Marcos. Miradas impresas desde el lugar donde acababan mis ojos, ojos inmersos en el valle del Eresma que buscaban elevarse como los pájaros y que, a través de un reloj, el sueño se hizo realidad. El tiempo vuela, y volando vuelvo a mi querido San Marcos. Aprovecho las fiestas del barrio para dedicar esta exposición como homenaje a todos aquellos y a estos que ahora me seguís en esta página. Deseo que os guste. Os espero.

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